Lo que pensás y no decís
Qué opiniones, pedidos o desacuerdos aparecen con claridad adentro pero no llegan a convertirse en palabras.
Expresar trabaja la distancia entre lo que pensás, sentís o querés decir y lo que finalmente comunicás, mostrás o dejás guardado.
No hablamos igual con todas las personas ni mostramos lo mismo en todos los contextos. Elegir qué compartir también forma parte de comunicarnos.
Expresar propone mirar cuándo esas decisiones responden a lo que realmente querés hacer y cuándo empezás a modificar demasiado lo que pensás, sentís, hacés o mostrás según quién tenés enfrente.
Qué opiniones, pedidos o desacuerdos aparecen con claridad adentro pero no llegan a convertirse en palabras.
Cuánto cambia lo que decís según la persona, el contexto o la reacción que imaginás que puede venir después.
Qué ideas, trabajos, intereses o partes de vos preferís mantener fuera de la vista y en qué situaciones eso empieza a limitarte.
Qué sentís antes, durante y después de decir algo importante: tensión, aceleración, ganas de corregirte, necesidad de explicar demasiado o alivio después de haberlo dicho.
Filosofía del yoga
Los Yamas y Niyamas forman parte de la filosofía del yoga y reúnen distintas ideas sobre cómo nos relacionamos con nosotras mismas, con otras personas y con la forma en que vivimos.
Fueron formulados en un contexto histórico, cultural y espiritual muy distinto del actual. Frecuencia Humana parte de algunas de sus interpretaciones contemporáneas y las transforma en preguntas sobre situaciones concretas de la vida cotidiana.
Satya se relaciona con la verdad y la honestidad.
En una lectura contemporánea, esa honestidad empieza antes de hablar: poder reconocer qué pensás, qué sentís, qué querés y qué preferirías hacer, incluso cuando después decidís que no es el momento o la forma adecuada de decirlo.
También implica prestar atención a la distancia entre lo que reconocés internamente y lo que terminás mostrando afuera.
¿Decís que algo no te importa cuando sí te importa? ¿Aceptás cuando querías rechazar? ¿Modificás una opinión apenas aparece desacuerdo? ¿Hay trabajos, ideas o intereses que evitás mostrar por la reacción que imaginás?
Expresar usa Satya como una pregunta sobre esa coherencia y sobre cómo construir una forma de expresarte que puedas reconocer como propia.
Antes de empezar
Clases filmadas de yoga y movimiento, por tema.
Playlists originales por experiencia.
Sesiones grabadas sobre el tema de esa experiencia.
Piezas cortas para el día a día.
Ejercicios aplicables fuera de la app.
Preguntas puntuales para escribir o pensar.
Frases para repetir en voz alta o por escrito.
Mensaje de entrada al eje de la experiencia, con invitaciones al final.
Textos listos para pegar en un chat.
Piezas para poner de fondo: caminar, descanso, tareas.
Lista curada por experiencia.
Lista curada por experiencia.
Mapa del viaje: de dónde partís y hacia dónde apunta cada movimiento.
Incluye

A tu ritmo. Empezás cuando quieras.
Las experiencias de Frecuencia Humana incluyen música original. En este curso aprendés a crear la tuya, incluso si no tenés experiencia produciendo música.
Partimos de una intención —qué querés acompañar, provocar o explorar con esa pieza— y aprendemos a traducirla en decisiones musicales usando sonido, frecuencias, lenguaje musical y herramientas de inteligencia artificial.
No necesitás estudiar teoría musical como en un conservatorio. La idea es entender lo suficiente sobre ritmo, notas, escalas, armonía, tempo y estructura para poder tomar decisiones concretas sobre la música que querés crear.
Qué son las frecuencias, los binaural beats, las frecuencias solfeggio y otros recursos del sound healing, y cómo los usamos dentro de Frecuencia Humana.
También incorporamos ritmo, tempo, notas, escalas, armonía y estructura para entender qué cambia cuando modificás cada elemento y tener criterios concretos al momento de crear.
Partimos de qué querés acompañar, provocar o explorar con una pieza y usamos esa intención para definir una dirección sonora.
Trabajamos cómo traducir una idea en decisiones sobre la experiencia que querés crear, las sensaciones que querés acompañar y los elementos musicales que pueden ayudarte a construirla.
Usamos herramientas de generación musical para convertir esa dirección en canciones.
Aprendés a escribir prompts, probar alternativas, escuchar los resultados, ajustar las instrucciones e iterar hasta acercarte a una pieza que represente la intención que definiste al principio.
Una vez que la pieza está lista, vemos cómo prepararla para usarla en tus propias prácticas, clases o proyectos, o publicarla en plataformas de streaming.
También trabajamos distribución, licencias y derechos para que entiendas qué podés hacer con la música que creaste y qué necesitás revisar antes de publicarla.
Mirá
Si querés música propia pero no querés producirla vos, podés encargar una serie de canciones creada especialmente alrededor de un tema, una etapa o una intención.
Conversamos sobre el tema que querés trabajar, por qué lo elegiste y qué música escuchás.
Compongo varias piezas a partir de esa conversación y te las voy enviando durante el proceso.
Trabajamos sobre los cambios hasta llegar a las versiones finales. Después recibís las canciones por privado y, si querés, también pueden publicarse en Spotify.
Escuchá
Mejor precio
Las siete experiencias por un año, y el curso Creá tu música con acceso perpetuo.
Soy Romi. Estudié sonido en la universidad, me formé como profesora de yoga y de meditación, y hace más de una década que trabajo diseñando sistemas. Frecuencia Humana combina esas cuatro cosas: es una práctica diaria armada como un sistema, con música, movimiento, meditación y escritura, cada pieza pensada para conectar con lo que necesitás en cada momento.
Como práctica personal. Algo que fui armando para mí durante años, combinando lo que sabía de sonido, yoga y meditación en una rutina diaria. Durante mucho tiempo la usé para sostener una vida a mi ritmo: enfocarme, trabajar en lo que quería, viajar a lugares que nunca hubiera creído posibles, sacar proyectos adelante.
Durante años también usé la música de una forma muy personal: me escribía canciones a mí misma. A veces eran para darme ánimo antes de hacer algo que me daba miedo. Otras, para acompañar una decisión, recordar algo que quería para mi vida o ayudarme a dejar ir algo que ya no quería seguir sosteniendo.
Ponía en palabras lo que necesitaba escuchar y después convivía con esas canciones. Con el tiempo esa forma de usar la música terminó convirtiéndose en una parte importante de Frecuencia Humana.

Cuando murió mi mamá desaparecieron cosas que daba por sentadas: la forma de habitar mi casa, la relación con el trabajo, la confianza en lo que sentía, los vínculos que creía sólidos. Dejaron de importarme los logros. Empecé a necesitar una vida más tranquila. Me fui a vivir a otro país, sola con mis perros, y conseguí un trabajo que me pagaba lo suficiente para sostener esa vida sin exigirme más energía de la que podía dar. Estuve así casi tres años, reconstruyéndome al ritmo que sentí.
Después de ese tiempo viajé a la India. No lo tenía planeado, fue otra corazonada que seguí. Volví entendiendo cosas de mí que no había pensado antes, y convencida de que había partes de mi vida que tenía que seguir modificando. Cambié de trabajo otra vez, esta vez con otro objetivo: armar esto, dejar de trabajar para otros, sistematizar lo que venía haciendo para mí y regalárselo a quien lo pueda sentir propio.
Una parte mía murió con mi mamá. Otra parte nació al volver de ese viaje.



Si querés preguntar algo sobre Frecuencia Humana, las experiencias, Creá tu música o Rituales sonoros, escribime desde acá.
Además de desarrollar el contenido y las prácticas, tuve que convertir la idea en un producto: definir cómo funcionaba, organizar la experiencia, crear la plataforma y desarrollar toda la tecnología que la sostiene.
Ese trabajo también vive en otros dos proyectos.